He decidido llamar de esta manera a mi blog personal porque, de alguna forma, resume lo que siento que es la vida: un conjunto de retales de pequeñas cosas, algunas esperadas con ilusión, otras imprevistas, que nos van sucediendo mientras esperamos que lleguen aquellos grandes acontecimientos, plagados de éxitos personales y profesionales, con los que soñábamos en nuestra juventud.
Porque la vida es corta y pasa demasiado rápido, y si no aprendemos a apreciar sus pequeños regalos cotidianos, aquello que de verdad importa, quizás demasiado tarde comprenderemos que, en realidad, eran los más grandes.
Quiero disfrutar cada segundo del don de la vida. En cada sonrisa de mis hijos; en cada beso recibido que no espero; cada vez que alguien me hace reír olvidando así mi enfado; en cada sonrisa cuando llego a casa; en cada saludo de un desconocido; en cada “gracias” que me dan; en las flores de primavera; en el frío del invierno; en cada nuevo amigo que descubro…
Quiero aprender a olvidar las ofensas con que la vida también me regala. Quiero aprender a sacar el lado bueno de las cosas malas. A no quejarme tanto, a valorar más lo que tengo que lo que me falta. A poner por delante las personas, la humanidad, a los intereses egoístas. Quisiera que, cuando ya no esté aquí, quienes me conocieron recuerden con cariño las pequeñas cosas buenas de mi vida.
Este blog espera ser una ventana indiscreta a mi vida, para compartir con mis amigos, allá donde estén, trazos de mi pensamiento, de mi filosofía vital. Quienes me conocéis a fondo, no descubriréis nada nuevo. Los demás, espero que, más allá de las palabras, entiendan que aquí habita un alma, por fin, tranquila y feliz.
Gracias, Mar, por animarme en esta aventura.
Septiembre de 2011